Estoy contigo, acostados en la grama. Las nubes no son condensación, son algodón de azúcar muy dulce, que aunque no alcancemos a probar con nuestro gusto, los ojos se agrandan y te transmiten la lívida sensación de lamer el lindo cielo, apuesto a que tú eres más dulce y suave. Pero las nubes son lo mínimo en lo que me fijo en este momento, tus ojos sustituyen la majestuosidad del espontáneo cielo que nos arropa esta tarde y el Sol hace de tu piel una brillante perla que deseo tener por siempre.
Desvío la vista al pensar que me miras de "esa" manera, se siente lindo pero efímero. El tiempo corriendo a su paso chocando contra nuestro afecto como obstáculo; lento acaricio tu mano y observo tus labios moviéndose, curiosos de alguna palabra que pretenda asomarse por mi boca. Ni todo el dinero del mundo podría pagar momentos como éste; entonces siento que te mueves, mi subconsciente dice que te alejas pero mi corazón se acelera al notar que estás más cerca. Nadie alrededor, y tu cara se convierte en aquellos sueños sin nombre que alguna vez tuve.. Para mí eres lo más sugestivo y atrayente en este universo, mi atención en ti, sin importar si volteas a ver al gavilán desmenuzando las nubes con sus grandiosas alas y no está interrumpiendo, porque solo estás expresando la curiosidad que alberga tu ser.
No dudes, no te muevas.
Mi mirada se centra en las nubes y mis dedos acariciando tu tersa y nívea piel... Te acercas más y un beso alberga la candidez de tu acción; te quiero. Terminan nuestros labios de abrazarse tiernamente y nos acurrucamos sin decir una palabra. Y no hay más en el entorno que nuestras dos personas y los pensamientos interconectados.
Suena un bullicio, ¿es un sueño?, pellízcame amor. Entonces descubrí que no estabamos solos; pero para mí..
El resto del mundo no existía.
Porque los momentos como ése, no pueden ser interrumpidos por el caminar del mundo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario