Ladrona de mis breves alientos. Granate
oscuro, soñadores. Rodeados de una cálida y apacible línea de insomnio
levemente palpitante; en un minuto existen incontables horas de encanto, esos
ojos nunca cansarían mi triste vida; vacíos de orgullo van hipnotizando mi
corazón, lo hacen bailar al ritmo de un apresurado vals que me infarta el
cuerpo. La brillante dicha de poder admirar fragmento de tu existencia es
divina.
Irradiante exquisitez que
derrochas con tus pestañas que acarician esa hermosa mirada. Me llenas de virtud y calidez por cada
segundo que transcurre en mi placentera agonía de observarte, mirada enmarcada
en un rostro que encalla en mi locura, aviva los sentidos que nunca había
utilizado apropiadamente; tallado por ángeles, bendecido por mi perdición.
Me ha complacido el sutil
movimiento de tus labios cuando callas, se arquean místicamente, contemplarlos
es una magnificencia. Delgadas líneas tornadas de rosa que nacen de tus labios,
una pieza de arte, la más viva rosa marchitaría celosa del vivaz color y encanto
que poseen, un beso podría revivir a un séquito de suspiros míos.
Qué tostado, un sin fin de líneas
curveadas que tocan la frente; cualquier mano que se pose en ese cabello precioso
es bendecida, pues acariciarte es un deleite para esta alma vacía y enamorada.
Divina suavidad, hace que mi pluma baile en el papel como mis dedos quieren
danzar en tu cuello sugerente, bordado con el brillante color de tu piel.
No quisiera perderme en tu cuerpo
cincelado, me arrojaría a un abismo de apetitos eternos que me matarían sin
compasión, eres mi debilidad. Eres la oda a la perfección, si un momento contigo
me daría felicidad pues entonces, soportaría todo el resto de mi vida en
desesperación.
Me conformo con mirarte, me pesa
el no tenerte. Podría despedazarte al tocarte, sería una injusticia fatal envolverte
en una vida que, si bien está llena de desventuras, la más grande de todas es
el hecho de amarte. Mis ojos pueden hacer con libertad lo que mi tacto no
puede; mis labios ruegan por clemencia, arden como brasas, son contenidos por mis
dientes ansiosos de probarte, no quiero devastar este eterno momento.
No merezco tu maravillosa y
fascinante belleza, tu sutileza me pide que guarde… la respiración.