El corazón se sintió atrevido y malditamente travieso, comenzó a mezclar aquellas emociones a las que su dueño no le gustaba mostrar a los ojos de la vida... Emociones que solo se guardaban en unos recipientes que los latidos rodaban más y más de su lugar y quizás terminarían siendo desastrosas, un haz de vidrios rotos y una combinación heterogénea de sentimientos reprimidos.
Entonces empezó a batir aquellas emociones contenidas y se reía, pues el masoquismo era su deporte favorito. Pasaban minutos y nunca compactaban, se sentía vacío, sin rumbo, no valía nada pero a el no le importaba. El dueño del corazón era feliz, su vida nunca fue más allá de uno que otro amor inconsciente, prematuro e imprevisto; no sentía nada extraño en su interior.
La sangre bombeaba y la tensión seguía, pues nada conseguía este maldito al mezclar pecados capitales y sentimientos juntos. Entonces se cansó al sentir que su exterior temblaba, había hecho una mezcla radioactiva que podría explotar, poco convencional, multiplicadamente inestable.
Tristeza, pasión, dolor, calidez, remembranzas, desprecio... ¿verdadera expresión?.
El corazón estaba dentro de una persona común y corriente, pero el ser humano que lo poseía no era su dueño. Sin embargo el seguía aferrándose a la idea de hacer una poción poco sintética de sentimientos profundos, invocando una lágrima que pronto partiría a ser un mar.
El cerebro peleaba, luchaba constantemente. Dolores de cabeza se asomaban como insecto a la luz; un infarto terminaría con ese bastardo.
"Y es que siempre le entregamos el corazón a una persona y a pesar de que ya ella no lo quiera, el sigue allí.. pegado como un imán a nevera, solo si olvidamos podemos despegarlo..."
