jueves, 5 de marzo de 2015

No



Me encanta esa palabra.

Dentro de esas dos letras se guardan, se relatan y lloran todos los días corazones rotos, a cada segundo un millón de bocas que sonríen, gritan, se equivocan, crujen, mienten. Pronuncian esa palabra, tan corta y tan grande.

Y las canciones le rinden homenaje, el alcohol, almas perdidas, palabras ahorcadas, tantas respiraciones que se mueven de acuerdo a su pronunciación. Por ahora, dejo el mundo atrás, para mí esa palabra ha empujado a mi alma a divagar en su felicidad; crecer, vencer mares de penurias, nubes de basofia y un millar de dificultades que me ahorcaban a cada segundo.

Es liberadora, es adecuada y por sobre todo es tanto un comienzo con un final de lo inexplicable, los dos polos que se unen y forman una polución de pensamientos que escribo en este momento. El frío caló en mí este día, quise recordar lo mucho que me ha sido útil un simbolismo; mi mente viaja a los confines de la imaginación, descifrando las posibilidades que pudieron ser de no ser por dos simples letras. 

Me gusta esa palabra, es inmensa, es miserable, es tan terrible como hermosa; tergiversa mis pensamientos para por fin darme cuenta de que hoy soy una persona distinta y mejor a la que fui un día. Quizás la describo porque me le parezco, quizás le escribo porque me interesa más de lo normal.

Me encanta un "No", sobre todo porque esas veces que debí usarla no lo hice; y gracias a eso mis penurias se marcharon una y otra vez.

Por eso me gusta ser positivamente negativa. 

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